(en.es) The Extra Day ✦ El día de más (Fiction)

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The Extra Day

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Gregor woke up that morning with the certainty of children who have slept in the night before an exam they hadn't studied for. Gregor was sure that at some point during his feverish early morning sleep, the universe had conspired, aligning the planets, to make his day... peculiar. Gregor was sure that life wanted a new punching bag, and he would be that bag. It wasn't a metaphor, nor a feeling; it was literally a terrible headache, neck pain, and pain in that muscle behind his ear whose name he couldn't remember. Clearly, his body had already taken the first blows in his sleep.

He glanced at his phone between yawns, seeing the numbers 647... 6:47 in an almost blinding light. Great, he'd woken up three minutes before his alarm. He couldn't even get eight hours of sleep anymore. His life was a cosmic insult.

The first sign that his day would be awful came when, trying to get up, he put his left foot down first, and there, he slipped... landing on the floor, tangled in the sheets. Gregor fell to the floor with the grace of manatees walking a tightrope: none. He didn't bleed; at least if he had, it would have been the perfect excuse not to move today, but no, only pain and a greater certainty of a terrible day. Gregor felt as if that impact with the floor was the lowest point in his race to failure, lower than his own floor would be impossible... or so he thought. Normal people don't reach this level of disaster until after at least lunch, he thought.

There was nothing left to do but keep going, to face being life's punching bag. Gregor got up and stepped into the shower. The water was against him today too: first it was freezing cold, then boiling hot, then freezing cold again; the water was behaving exactly like his ex-girlfriend. He stepped out of the shower in a foul mood and went to make himself a cup of coffee. Maybe that would brighten his day... but the coffee was gone, not a drop of grounds, not even those particles that settle at the bottom and can salvage the morning with a brown liquid that tastes like defeat.

He dressed reluctantly, and as he stepped outside—of course, it couldn't be otherwise—a driver splashed him with dirty puddle water. Not even ten minutes had passed, and life had already dealt him another blow.

"Hey, watch where you're driving!" Gregor shouted, raising his fist.

The driver kept going, as if it had nothing to do with him. If he saw him, he didn't care.

At work, absolutely everything went downhill. Everything that could go wrong, did. His boss was named Lourdes, a woman who had been promoted based on seniority and because no one else wanted her position. She'd been with the company for over thirty years, but she still didn't even know how to attach a PDF file.

"I need you to do it all again, and the charts in blue," Lourdes told Gregor, chewing gum with her mouth open.

"In blue..." Gregor replied, a vein throbbing in his forehead.

He returned home after eight hours of constant torture, only to find the door locked. He rummaged through his pockets, emptied his briefcase, but found nothing. He'd forgotten the key. All that was left was to call a locksmith and pay the price at this late hour.

The locksmith arrived in half an hour, and in another half hour, he had unlocked the door. Just as he stepped inside, Gregor felt something cold in his jacket pocket...it was the key.

Gregor said nothing to the locksmith, paid the fee, and closed the door. He didn't cook, didn't shower, just collapsed onto his bed. He closed his eyes and fell asleep.

6:47, again? Gregor woke up.

"No," he whispered.

He got up carefully, avoiding hitting his left foot. There was no impact. He stepped into the shower; the water was warm and invigorating. There was only one thing left to try:

"There's still coffee!" Gregor shouted with joy.

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El día de más

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Gregor se despertó esa mañana con la seguridad que se despiertan los niños que durmieron en vísperas al examen para el que no estudiaron. Gregor estaba seguro que en algún momento del sueño febril de la madrugada el universo se había puesto de acuerdo con la alineación de los planetas para que su día fuese... peculiar. Gregor estaba seguro de que la vida quería un nuevo saco de boxeo, y él sería ese saco. No era una metáfora, ni una sensación, era literalmente un terrible dolor de cabeza, de cervicales y de ese músculo que tenía detrás de la oreja y no sabía cómo se llamaba, evidentemente su cuerpo ya había recibido en sueño los primeros golpes.

Miró entre bostezos el móvil, para ver en una luz casi cegadora los números 647.. 6:47. Genial, se había levantado tres minutos antes de su alarma, ni siquiera podía descansar ocho horas ya. Puro insulto cósmico su vida.

El primer aviso de que su día sería horrible llegó cuando al intentar levantarse, puso primero el pie izquierdo, y ahí, resbaló... fue a parar al piso hecho un nudo entre sábanas. Gregor cayó al suelo con la gracia que caminan los manatíes en la cuerda floja: ninguna. No sangró, al menos si hubiese sangrado sería la excusa perfecta para no moverse hoy, pero no, solo dolor y mayor certeza de un día horrible. Gregor se sentía como si ese golpe contra el suelo fuera la meta más baja en su carrera al fracaso, más bajo que su piso sería imposible... o no. Este nivel de desastre las personas normales no lo obtienen hasta después de al menos el almuerzo, pensó.

Solo quedaba seguir adelante, enfrentar ser el saco de boxeo de la vida. Gregor se levantó, y se metió en la ducha. El agua también estaba en su contra hoy: primero salió helada, después hirviendo y después helada de nuevo, el agua se estaba comportando exactamente como su exnovia. Salió de la ducha con muy mal humor, y se dispuso a prepararse una taza de café, quizás esto mejoraría el día... pero se había acabado el café, ni una gota de polvo, ni esas partículas que quedan debajo y que pueden salvar la mañana con un líquido marrón que sabe a derrotas.

Se vistió de mala gana y al salir de la calle, pues por supuesto, no podía pasar lo contrario, un conductor lo bañó con el agua sucia de un charco, no habían pasado diez minutos y ya la vida le lanzaba otro golpe.

-¡Pero bueno! ¡Mira por donde manejas! -gritó Gregor alzando el puño en alto

El conductor siguió, como si con él no fuese, si lo vio, no le importó.

En el trabajo absolutamente todo fue a peor, todo lo que podía salir mal, salió mal. Lourdes se llamaba su jefa, una mujer que había ascendido por antigüedad y porque nadie más quería su puesto, llevaba más de treinta años en la empresa, pero aún no sabía ni adjuntar un archivo PDF.

-Necesito que lo hagas todo de nuevo, y los gráficos en azul-le dijo Lourdes a Gregor masticando chicle con la boca abierta

-En azul...-respondió Gregor mientras una vena le quería explotar en la frente

Volvió a casa después de sus 8 horas de constante tortura. Solo para encontrarse con la puerta cerrada con llave, revolvió sus bolsillos, vació su maletín, nada había olvidado la llave. Solo quedaba llamar al cerrajero y pagar el precio del servicio a esta hora de la tarde noche.

En media hora el cerrajero estaba y en media hora más había abierto la puerta. Justo al entrar Gregor sintió algo frío en el bolsillo delantero de su chaqueta...era la llave.

Gregor no dijo nada al cerrajero, pagó el servicio y cerró la puerta. No preparó comida, no se bañó solo se tiró en la cama. Cerró los ojos y durmió.

¿6:47, nuevamente? Gregor se despertó.

-No-susurró

Se levantó con cuidado, evitando el pie izquierdo, no hubo golpe, entró a la ducha, el agua tibia y energizante. Solo quedaba probar algo:
-Aún queda café- gritó Gregor de alegría.

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2 comments
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Es realmente curioso el como los planetas se alinean para causar tantos estragos a una persona en especifica durante un día en especifico, tal vez la señora fortuna quería mostrarle a Gregor que hay que estar agradecidos de tener buenos días.

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